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Sevilla. Martes, 6 Enero, 2009 - 11:01 | Iniciar sesión

El burlador de Sevilla

Cuando Tirso de Molina escribió El burlador de Sevilla no esperaba que la figura de Don Juan Tenorio fuese a ser adaptada siglos más tarde por Zorrilla en una obra quizá más conocida pero, en mi opinión, de menor calidad argumental.

Bajo la dirección de Emilio Hernández se muestra un Burlador de Sevilla nuevo, lleno de la esencia del Siglo de Oro pero con toques contemporáneos que no le restan calidad. Cuatro mujeres de negro abren la escena (única en cuanto a decorado) echando pestes de los hombres, Ojos verdes suena de la voz de la más flamenca. Llegamos a Italia y el Don Juan más joven de las versiones contemporáneas, al que da vida Fran Perea, inicia un monólogo cargado de descaro y poca vergüenza. Mezclado con música termina diciendo que "en España son ya más de mil". A su izquierda, un Jorge Roelas que cada vez me resulta más espectacular, se encarga de la figura del criado, típica en el Siglo de Oro y cargada de todas sus características típicas del mismo, gracia, espontaneidad y siempre siervo de su señor.

No menos importante es el papel de la mujer en esta obra y al que Hernández dota de una fuerza desgarradora en las cuatro figuras femeninas. Durante toda la escena la mujer aparece presente ya que es la encargada de mover los elementos escenográficos. Isabel Pintor, Lluvia Rojo, Marina San José y Ana Salazar son las actrices que prestan su cuerpo y voz a las múltiples amantes a las que Don Juan burla con las promesas de matrimonio y amor eterno.

Dos actores destacan entre el reparto por su versatilidad. Juan Fernández, el siempre malo malísimo, y Enrique Arce interpretan a cuatro personajes durante toda la obra, todos ellos diferenciados con la sabiduría del maestro y la energía del aprendiz.

Del Burlador de Sevilla de Hernández cabría mencionar la música y el desnudo. Los cuerpos se desnudan sin prejuicios y sin miedos a ser vistos en una vorágine de lujuria y pasión. La parte musical de la obra, que algunos críticos critican, valga la redundancia, por no estar bien insertada, creo que le da un toque contemporáneo y una ligereza a la acción que en textos de Siglo de Oro a veces es de agradecer.
Por último, me gustaría volver a destacar la interpretación de Fran Perea, un malagueño que cada vez convence más en teatro. El actor desnuda su cuerpo sudoroso y muestra a un Don Juan sin amor, lleno de simple desenfreno y de ganas de "gozar", sin escrúpulos ni compasión. Al final todos los errores cometidos serán pagados, incluso por los muertos, "muerto, que vivo Dios no lo quiera", dice Don Juan, sin saber que está presagiando su muerte.

Jesús Redondo

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